El pequeño Trigi y la Ciudad del Corazón
Había una vez, dentro de un cuerpo humano, una ciudad muy especial llamada Ciudad Corazón. Allí todo funcionaba gracias a un equipo de ayudantes diminutos que trabajaban día y noche para mantener la energía y la salud.
Uno de esos ayudantes era Trigi, un triglicérido pequeño, redondito y muy trabajador.
—¡Hola! —decía Trigi cada mañana—. Yo me encargo de guardar energía para cuando haga falta.
Cuando los niños comían frutas, verduras y jugaban mucho, Trigi hacía su trabajo perfecto: guardaba un poquito de energía y descansaba tranquilo. El Corazón latía feliz, los caminos de la ciudad estaban limpios y todos vivían en armonía.
Pero un día, algo cambió.
En la ciudad empezaron a llegar demasiados dulces, refrescos y comidas fritas, y además… ¡nadie quería moverse ni jugar! Trigi y sus amigos comenzaron a multiplicarse sin control.
—Esto es demasiado —dijo Trigi preocupado—. No tenemos dónde guardar tanta energía.
Los caminos de la Ciudad Corazón empezaron a llenarse y el Corazón se cansaba más rápido.
Por suerte, una mañana llegó una gran noticia: 🎉 ¡Hora de cambiar hábitos! 🎉
El niño decidió:
- Comer más sano
- Salir a jugar y correr
- Tomar agua
- Dormir bien
Poco a poco, Trigi y sus amigos volvieron a su tamaño normal.
—¡Así está mejor! —sonrió Trigi—. Cuando hay equilibrio, todos podemos hacer bien nuestro trabajo.
La Ciudad Corazón volvió a brillar, los caminos se limpiaron y el Corazón latía fuerte y contento.
Y desde ese día, Trigi siempre recuerda: 💖 La energía es buena… ¡cuando está en su justa medida! 💖
Colorín colorado, este cuento se ha cuidado.
Añadir comentario
Comentarios