Los guardianes mágicos del cuerpo
Había una vez, dentro del cuerpo de una niña llamada Sofía, dos pequeños guardianes mágicos que trabajaban día y noche.
Se llamaban Rini y Ñón, y eran los riñones.
Rini y Ñón vivían a cada lado de una gran carretera roja llamada la sangre. Por allí pasaban muchas cosas: agua, energía, vitaminas… ¡y también basura!
—¡Atención! —decía Rini—. ¡Hora de limpiar!
—¡A trabajar! —respondía Ñón con una sonrisa.
Con mucho cuidado, los guardianes filtraban lo que el cuerpo no necesitaba y lo enviaban por un tobogán especial para que saliera del cuerpo. Así ayudaban a que Sofía se sintiera fuerte, activa y feliz.
Pero un día, Rini notó algo extraño.
—Ñón… últimamente llega muy poca agua.
—Tienes razón —dijo Ñón—. Y hay demasiada sal pasando por aquí.
Los dos se miraron preocupados.
Esa noche, mientras Sofía dormía, los guardianes enviaron un sueño especial. En él, Sofía veía a Rini y Ñón un poco cansados, pero aún sonrientes.
—Para seguir cuidándote —le dijeron— necesitamos tu ayuda.
A la mañana siguiente, Sofía despertó con una gran idea.
Bebió más agua, comió frutas y verduras, salió a jugar al parque y evitó tomar medicinas sin que un adulto se lo indicara.
Poco a poco, Rini y Ñón se sintieron mejor.
—¡Qué bien se trabaja cuando nos cuidan! —dijo Rini.
—Así podremos protegerla por muchos, muchos años —respondió Ñón.
Desde entonces, Sofía aprendió que cuidar su cuerpo también era cuidar a sus pequeños guardianes mágicos.
Y colorín colorado,
este cuento por tus riñones ha terminado 💙
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