Había una vez una niña llamada Lila, a quien le encantaban los colores. Su favorito era el púrpura, porque decía que era el color de la valentía.
Un día, en la escuela, la maestra explicó que algunas personas tienen un cerebro muy activo que, a veces, se desordena un poquito. A eso lo llamaban epilepsia.
—No es algo malo —dijo la maestra—, solo significa que el cerebro necesita más cuidado y comprensión.
Lila tenía un amigo llamado Tomás, que a veces se sentía cansado después de que su cerebro jugaba demasiado rápido. Cuando eso pasaba, sus amigos sabían qué hacer: quedarse tranquilos, acompañarlo y esperar a que se sintiera mejor.
El 26 de marzo, todos fueron a la escuela vestidos de púrpura.
—¿Por qué usamos este color? —preguntó alguien.
—Porque el púrpura nos recuerda que entender y ayudar también es una forma de querer —respondió Lila sonriendo.
Desde ese día, Lila aprendió que cuando conocemos más, podemos cuidar mejor a los demás.
💜 Y así, el color púrpura llenó la escuela de respeto y amistad.
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