La Estrellita Soñadora
Había una vez, muy arriba en el cielo nocturno, una pequeña estrella llamada Lucerita. Aunque brillaba como todas las demás, tenía un sueño especial: quería aprender a dormir.
Cada noche, mientras el resto de las estrellas cerraba sus ojitos luminosos, Lucerita seguía despierta, curiosa por todo lo que veía desde el cielo: los árboles moviéndose con el viento, los grillos cantando, los niños tapándose con sus mantitas.
Un día, la Luna la vio bostezar.
—Lucerita, ¿por qué no duermes un ratito? —preguntó con voz suave.
—Es que… no sé cómo se hace —respondió ella—. ¡Siempre pasan cosas tan bonitas allá abajo!
La Luna sonrió.
—Dormir también es una aventura. Cuando cierras los ojos, tu luz descansa y sueñas cosas maravillosas.
Lucerita se quedó pensando. ¿Sueños maravillosos? Eso sonaba emocionante.
Entonces, la Luna le enseñó tres pasos mágicos:
- Respirar despacito, como si soplara una nube suave.
- Pensar en algo bonito, como un abrazo cálido o un campo de flores.
- Cerrar los ojitos de luz, dejando que el cansancio se convirtiera en brillo por dentro.
Lucerita lo intentó. Respiró, pensó en un bosque lleno de luciérnagas y cerró sus ojitos brillantes.
Y así, por primera vez, la pequeña estrella soñó. Soñó que jugaba a las escondidas entre cometas, que viajaba montada en un rayo de luna y que su brillo se hacía cada vez más fuerte gracias a su descanso.
Desde esa noche, cada vez que miras al cielo y ves una estrella que parpadea suavemente, es posible que sea Lucerita… recordándote que dormir también es una forma de brillar.
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