Las Glándulas tiroides

Publicado el 28 de octubre de 2025, 18:10

La glándula tiroides es una de las principales del sistema endocrino y desempeña un papel fundamental en la regulación del metabolismo y en el mantenimiento de la función cardiovascular. Esta glándula produce principalmente tres hormonas: la tiroxina (T4), la triyodotironina (T3) y la calcitonina. La T4 actúa como un precursor relativamente inactivo que se convierte en T3 en los tejidos periféricos, siendo esta última la forma biológicamente activa. Ambas hormonas regulan el metabolismo basal, la producción de calor y el consumo de oxígeno, además de tener efectos directos sobre el corazón, como el aumento de la frecuencia cardíaca, la contractilidad y el gasto cardiaco. Por su parte, la calcitonina, secretada por las células C o parafoliculares, interviene en la regulación del calcio al disminuir la actividad de los osteoclastos, aunque en los humanos su función es limitada. Una enfermedad frecuente asociada con esta glándula es la enfermedad de Graves, un trastorno autoinmune que provoca hipertiroidismo y se caracteriza por una sobreproducción de T3 y T4, lo que puede afectar gravemente al sistema cardiovascular.

El sistema endocrino ejerce una influencia esencial sobre la salud cardiovascular, ya que regula el metabolismo energético, el tono vascular, la contractilidad del corazón y la presión arterial mediante diferentes hormonas. La insulina, secretada por las células beta del páncreas, facilita la captación de glucosa en los tejidos y promueve la vasodilatación a través de la liberación de óxido nítrico. Sin embargo, en condiciones de resistencia a la insulina o diabetes mellitus tipo 2, esta función se ve alterada, provocando disfunción endotelial, inflamación vascular y aumento del riesgo de aterosclerosis y enfermedad coronaria. A largo plazo, la diabetes contribuye a la cardiomiopatía diabética y al incremento de la mortalidad cardiovascular. En contraste, la adrenalina o epinefrina, producida por la médula suprarrenal, eleva la frecuencia cardíaca y la presión arterial al activar los receptores β1 del corazón y los receptores α1 de los vasos sanguíneos, preparando al cuerpo para la respuesta de “lucha o huida”. No obstante, un exceso de adrenalina, como ocurre en el feocromocitoma, puede provocar hipertensión severa, arritmias y cardiomiopatía inducida por catecolaminas.

Las hormonas tiroideas también tienen un papel destacado en la regulación cardiovascular. En niveles normales, aumentan la frecuencia cardíaca y la contractilidad del corazón, además de reducir la resistencia vascular periférica, lo que optimiza el gasto cardiaco y la perfusión tisular. Sin embargo, el hipertiroidismo ocasiona taquicardia, hipertensión sistólica, fibrilación auricular e insuficiencia cardíaca por sobrecarga, mientras que el hipotiroidismo produce bradicardia, aumento del colesterol LDL y mayor riesgo de aterosclerosis. Estos desequilibrios endocrinos, cuando son crónicos, elevan el riesgo de eventos cardiovasculares graves como el infarto de miocardio, el accidente cerebrovascular y la insuficiencia cardíaca.

Para mantener la salud cardiovascular, es fundamental controlar los trastornos endocrinos y los factores de riesgo asociados. En la diabetes, el manejo adecuado de la glucemia, la hipertensión y la dislipidemia mediante medicamentos, dieta saludable y ejercicio físico puede prevenir complicaciones cardiovasculares. En el hipertiroidismo, el tratamiento con antitiroideos, betabloqueadores y, en algunos casos, yodo radiactivo o cirugía ayuda a normalizar la función hormonal y proteger el corazón. En el feocromocitoma, la combinación de bloqueo adrenérgico y cirugía es esencial para prevenir crisis hipertensivas y daño miocárdico. En general, el monitoreo regular de la función hormonal, la presión arterial, el colesterol y la glucemia, junto con un estilo de vida saludable, son estrategias efectivas para preservar la función cardiovascular y prevenir complicaciones a largo plazo.

 

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